La experiencia cercana a la muerte de Carl Jung

La experiencia cercana a la muerte de Carl Jung

En 1944, a los 68 años, Carl Gustav Jung sufrió un infarto y, durante la crisis, tuvo una serie de visiones que décadas después se compararían con las experiencias cercanas a la muerte (ECM). El interés del episodio no reside en demostrar la vida después de la muerte, sino en que constituye un testimonio poco común sobre la conciencia y la realidad, relatado por una de las figuras más influyentes de la psicología. ¿Qué le ocurrió a Carl Jung en 1944? Jung se fracturó un pie y, ya hospitalizado, sufrió un infarto. En la fase crítica recibió oxígeno e inyecciones de alcanfor. Él mismo dudaba sobre la naturaleza de lo vivido: no sabía si soñaba o si se hallaba en un estado de éxtasis. Aun así, insistió en que aquellas experiencias no eran producto de la imaginación y que poseían un carácter de objetividad absoluta. Conviene distinguir tres niveles: lo que Jung relató, cómo lo interpretó y lo que puede demostrarse. La Tierra vista desde el espacio Jung se vio a unas mil millas de altitud —aproximadamente 1.600 kilómetros—, observando el planeta envuelto en una luz azul. Reconocía Ceilán, hoy Sri Lanka, y el subcontinente indio. La descripción aparece ya en cartas escritas durante su convalecencia, lo que la sitúa más cerca del momento de los acontecimientos que la autobiografía, redactada más de una década después. El relato es anterior a los viajes espaciales tripulados, pero eso no constituye evidencia de que Jung hubiera observado realmente la Tierra desde fuera de su cuerpo. Lo que sí puede afirmarse es que describió una experiencia visual de extraordinaria viveza. El templo y el yogui en meditación Jung describió un enorme bloque de piedra oscura, parecido a un meteorito, con una antecámara. Allí estaba sentado, en posición de loto, un hombre de la India, de piel oscura y vestido de blanco, que parecía esperarlo. Al acercarse, sintió que le retiraban deseos, objetivos y vínculos; estaba convencido de que, al entrar, comprendería su vida como parte de una totalidad mayor. Jung interpretó esta figura como una imagen del Self, o Sí-mismo: la totalidad psíquica que trasciende al yo. Formuló además una inversión desconcertante: el yogui meditaba sobre él, y la existencia empírica de Jung era el sueño de ese yogui. Si el yogui despertaba, Jung dejaría de existir. La imagen cuestiona la posición privilegiada que solemos atribuir al yo en la construcción de la realidad, pero sigue siendo una interpretación simbólica, no una afirmación científica. El médico y el Basileus de Kos Antes de entrar en el templo apareció la imagen del médico de Jung. No se presentaba como el profesional del hospital, sino bajo la forma simbólica de Basileus de Kos, el «rey de Kos», isla asociada al culto de Asclepio y a Hipócrates. Jung entendió la aparición como un llamado a volver a la vida. Reaccionó con fuerte resistencia y percibió la forma asumida por el médico como una señal de que este corría peligro. Según el relato, el médico enfermó poco después y murió. Jung dio gran importancia a esa secuencia. La muerte posterior es un hecho; su interpretación es otra cuestión. El relato no permite concluir que Jung hubiera anticipado aquella muerte de manera paranormal. El regreso y las visiones de la convalecencia El regreso no fue un alivio. Jung describió una profunda sensación de pérdida, y su correspondencia de ese período habla de depresiones al volver a una existencia que le parecía «fragmentaria y restringida». Durante la convalecencia tuvo otras visiones intensas, sobre todo nocturnas, con imágenes religiosas complejas. Estas experiencias pertenecen al mismo período biográfico, pero no forman una sola visión continua con la Tierra, el templo y el médico. La enfermera y el halo luminoso Jung cuenta que una enfermera le dijo después que parecía estar envuelto en un resplandor; según ella, había observado algo parecido en algunos pacientes cercanos a la muerte. Lo que existe, sin embargo, es el relato de Jung sobre lo que la enfermera habría dicho, sin una observación clínica independiente. Es un detalle de la historia de su experiencia, no evidencia de un fenómeno físico. ¿Existe una explicación fisiológica? El contexto médico no puede ignorarse: un infarto grave, oxigenoterapia, medicamentos, posibles alteraciones metabólicas y estados de delirio. Pero no existen datos neurológicos de ese momento que permitan reconstruir el estado cerebral de Jung. Atribuirlo todo a la hipoxia sería tan inadecuado como usar el caso para demostrar que la conciencia funcionó con independencia del cerebro. ¿Se parece el relato a otras ECM? En parte. Hay semejanzas con características descritas en la literatura sobre ECM: percepción de separación del cuerpo, sensación de paz, realidad intensificada y resistencia al regreso. Instrumentos como la Escala de Experiencias Cercanas a la Muerte de Bruce Greyson y estudios prospectivos, como el de Pim van Lommel y sus colaboradores con sobrevivientes de paro cardíaco, llevaron el tema al ámbito de la investigación clínica. Pero también hay diferencias importantes: no aparecen un túnel, una revisión panorámica de la vida ni encuentros con familiares fallecidos. Las imágenes del templo, el yogui y el rey de Kos son marcadamente culturales y personales. Además, en 1944 la categoría «ECM» aún no existía. Clasificar el caso retrospectivamente puede ayudar a compararlo con otros relatos, siempre que no borre su contexto propio. ¿Por qué sigue importando el relato de Jung? Porque coloca lado a lado tres niveles que suelen confundirse: la experiencia subjetiva, su interpretación y lo que puede demostrarse empíricamente. Para la psicología, es un ejemplo rico de la relación entre experiencia extrema, simbolismo e identidad. Para el estudio de las ECM, es un caso histórico interesante, aunque limitado por la documentación disponible de 1944. Para la filosofía de la mente, deja abierta una pregunta: ¿hasta qué punto nuestra sensación de realidad depende del funcionamiento normal del cerebro y qué pueden revelar, sobre ello, los estados profundamente alterados de conciencia? El relato no responde de forma definitiva a esa pregunta, pero ayuda a formularla con mayor precisión. En ese espacio —entre experiencia,

La ECM negada

Figura humana no limiar entre a escuridão e uma luz dourada intensa, metáfora visual da EQM negada por cientistas e filósofos

Personas que vivieron experiencias cercanas a la muerte, pero las rechazaron por sus convicciones filosóficas, científicas o religiosas.