La ECM negada

Personas que vivieron experiencias cercanas a la muerte, pero las rechazaron por sus convicciones filosóficas, científicas o religiosas.
El debate NEPTUNE: cuando el modelo neurofisiológico más ambicioso encuentra sus límites

Una crítica reciente de dos investigadores de la División de Estudios Perceptivos de la UVA expone las lagunas del modelo más sofisticado propuesto hasta ahora para explicar las experiencias cercanas a la muerte, y reabre, en términos rigurosamente científicos, la pregunta sobre lo que la neurociencia todavía no logra explicar. En 2025, un equipo internacional dirigido por Charlotte Martial y Nicolas Lejeune, del Coma Science Group de la Universidad de Lieja, y formado también por Pauline Fritz, Olivia Gosseries, Vincent Bonhomme, Daniel Kondziella y Kevin Nelson, publicó en Nature Reviews Neurology una revisión exhaustiva de la literatura sobre experiencias cercanas a la muerte (ECM). Propuso un modelo unificador llamado NEPTUNE, sigla de Neurophysiological Evolutionary Psychological Theory Understanding Near-Death Experience. La propuesta combina hipoxia e hipercapnia —falta de oxígeno y exceso de dióxido de carbono en el cerebro—, cambios en neurotransmisores como serotonina, dopamina, noradrenalina, glutamato y acetilcolina, predisposiciones psicológicas individuales —como tendencia a la disociación e intrusión del sueño REM— y una analogía evolutiva con la tanatosis, el «hacerse el muerto» observado en varias especies bajo amenaza extrema. El modelo fue recibido con respeto por la comunidad científica. Sin embargo, la réplica más relevante no procedió del campo escéptico, sino del propio ámbito de investigación de las ECM: Bruce Greyson y Marieta Pehlivanova, de la División de Estudios Perceptivos de la Universidad de Virginia (UVA), publicaron una respuesta metódica que no rechaza la ciencia por principio, sino que cuestiona la suficiencia explicativa del modelo dentro de las reglas del propio debate científico. Lo que NEPTUNE intenta explicar, y lo que presupone Greyson y Pehlivanova reconocen a NEPTUNE como «una estrategia admirable» para aportar rigor científico a un campo históricamente polarizado. Pero señalan un problema estructural antes incluso de examinar los datos: el modelo declara excluir las explicaciones dualistas por considerarlas incompatibles con «un principio fundamental de la neurociencia», la idea de que la experiencia humana surge enteramente del cerebro. Para los autores de la crítica, esto no es una conclusión de la neurociencia, sino una premisa de la filosofía fisicalista tomada como punto de partida; al declarar esa exclusión de antemano, el modelo se aísla de cualquier evidencia que no encaje en él, lo que los críticos describen como razonamiento circular, y no solo como un supuesto tácito. Conviene aclararlo: esta crítica no exige una respuesta dualista. Greyson y Pehlivanova trabajan dentro del propio fisicalismo metodológico; piden al modelo que explique los datos que el fisicalismo debería poder explicar, no que abandone el materialismo. Tres puntos en los que el modelo no encaja La naturaleza multisensorial y la intensidad de las ECM. Las alucinaciones neurológicas típicas, por falta de oxígeno por ejemplo, suelen involucrar un único sentido aislado. En cambio, las ECM relatadas son experiencias integradas y multisensoriales, a menudo descritas por quienes las viven como «más reales que la realidad» y recordadas con riqueza de detalles décadas después. NEPTUNE no ofrece un mecanismo convincente para esta diferencia cualitativa entre un evento neurológico transitorio y un recuerdo tan vívido y duradero. La experiencia de salir del cuerpo. El modelo recurre a estudios sobre la activación de la unión temporoparietal (UTP) para explicar la sensación de estar fuera del cuerpo. Greyson y Pehlivanova responden que los fenómenos son distintos: en la activación de la UTP, la persona se siente desconectada pero mantiene una percepción visual normal desde la posición de su cuerpo; quien relata una ECM, por el contrario, describe ver su propia forma física desde fuera y moverse independientemente de ella, algo que los estudios sobre la UTP citados por NEPTUNE no reproducen. La ausencia de coincidencia entre actividad cerebral y relato. El punto más contundente es que, en estudios que documentaron ráfagas de actividad eléctrica en el cerebro de pacientes en proceso de morir —mientras el corazón aún latía, por tanto antes de que se declarara la muerte clínica—, ninguno de los pacientes que presentó esa ráfaga informó después haber tenido una experiencia cercana a la muerte. Si la ráfaga fuera la base fisiológica de la experiencia, cabría esperar alguna correlación entre ambos grupos. El núcleo duro de la controversia: percepciones verídicas y casos «Peak in Darien» Algunos relatos de experiencias cercanas a la muerte incluyen percepciones aparentemente verificables del entorno durante situaciones de paro cardíaco o reanimación. Sin embargo, en muchos de estos casos no se disponía de una monitorización electroencefalográfica continua y suficientemente sensible que permita determinar con precisión el estado de la actividad cerebral en el momento exacto en que habría ocurrido la experiencia. Por esta razón, afirmar que estas percepciones se produjeron en ausencia total de actividad cerebral excedería lo que los datos disponibles permiten concluir. Una formulación más rigurosa es señalar que algunas experiencias fueron relatadas después de períodos de grave compromiso fisiológico, durante los cuales el nivel y la dinámica de la actividad cerebral no siempre pudieron ser determinados con precisión. A esto se suman los casos «Peak in Darien», término consolidado en la literatura de Greyson: pacientes que, durante una ECM, relatan encontrarse con una persona fallecida cuya muerte no podían conocer y cuyo deceso solo se confirma después por terceros. Es importante señalar que estos casos se documentan principalmente como relatos clínicos retrospectivos, cuya verificación independiente es poco frecuente y metodológicamente difícil, una limitación reconocida por los propios investigadores del campo. Aun así, estos casos plantean una cuestión que los modelos neurofisiológicos actuales, incluido NEPTUNE, todavía no permiten resolver de forma concluyente: cuándo y cómo habría sido adquirida esa información. La cuestión científica no es asumir que la percepción ocurrió en ausencia absoluta de función cerebral, sino determinar si la información fue adquirida durante el período crítico descrito, antes o después de él, y qué procesos neurofisiológicos podrían explicar su formación y posterior recuerdo. Por qué importa este debate Lo que distingue esta controversia de enfrentamientos anteriores entre «escépticos» y «creyentes» es el marco en que ocurre: revistas revisadas por pares, con ambos lados trabajando bajo los mismos criterios metodológicos. Greyson y Pehlivanova no descartan la fisiología: reconocen explícitamente que
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