Experiencia, relato e interpretación: qué ocurre cuando lo vivido entra en conflicto con aquello en lo que creemos

Investigación y análisis · O Limiar da Consciência · Lectura: 11 min

Entre la oscuridad y la luz: la experiencia que cada persona interpreta a su manera.


Figura humana en el umbral entre la oscuridad y una intensa luz dorada, metáfora visual de la ECM negada por científicos y filósofos
Entre la oscuridad y la luz: la experiencia que cada persona interpreta a su manera.

Introducción

A lo largo de décadas de investigación sobre las experiencias cercanas a la muerte (ECM), ha surgido un fenómeno intrigante: hay personas cuyos relatos cumplen los criterios estandarizados utilizados para identificar una ECM, pero que no se reconocen dentro de esa categoría. También hay quienes aceptan haber vivido algo extraordinario y lo reinterpretan a la luz de convicciones filosóficas, científicas o religiosas previas.

El psiquiatra Bruce Greyson dio nombre al primer caso en la literatura científica: false negative denial, o negación de falso negativo. En su estudio de 2005, comparó estos casos con el fenómeno inverso: el de las personas que afirman haber vivido una ECM sin que sus relatos alcancen el criterio establecido por la escala. Ambos grupos muestran que la autoclasificación de un participante y la clasificación obtenida mediante un instrumento estandarizado no siempre coinciden.

Conviene precisar el alcance del concepto. Un false negative es una categoría operativa, y el estudio de Greyson no establece que cada uno de estos casos esté motivado por una resistencia ideológica. Aun así, la brecha entre lo que una persona vivió y la forma en que lo denomina plantea una pregunta más amplia: ¿hasta qué punto aquello en lo que creemos influye en la manera en que reconocemos, interpretamos y comunicamos una experiencia extraordinaria?

Este artículo examina la cuestión en tres contextos: el filosófico, el médico-científico y el religioso.


Primera parte: Interpretaciones filosóficas

El caso de A. J. Ayer: la experiencia frente a toda una vida de filosofía

Retrato estilizado del filósofo A. J. Ayer, defensor del positivismo lógico que vivió una experiencia cercana a la muerte en 1988
Sir Alfred Jules Ayer (1910–1989), el filósofo que intentó negar lo que vivió.

Sir Alfred Jules Ayer (1910–1989), uno de los principales representantes del positivismo lógico.

Sir Alfred Jules Ayer fue uno de los filósofos británicos más influyentes del siglo XX. Autor de Language, Truth and Logic (1936), defendió el positivismo lógico y sostuvo que las afirmaciones metafísicas no verificables empíricamente carecían de significado.

En junio de 1988, a los 77 años, se encontraba hospitalizado cuando sufrió un paro cardíaco tras atragantarse con un trozo de salmón ahumado. Después de ser reanimado, publicó en el Sunday Telegraph (28 de agosto de 1988) el artículo “What I Saw When I Was Dead” y volvió sobre el tema en The Spectator, el 15 de octubre de ese mismo año, en el texto “Postscript to a Postmortem”.

El caso resulta interesante precisamente porque involucra a alguien cuya filosofía era incompatible con interpretaciones sobrenaturales de la experiencia.

Lo que relató Ayer. Ayer describió una intensa luz roja, que identificó como una especie de gobernante del universo, y dos seres asociados al espacio y al tiempo. También relató la impresión de que algo estaba mal en el orden del cosmos y de que intentaba corregirlo.

En su primer relato, escribió que la experiencia había debilitado ligeramente su convicción de que su muerte sería el final. Posteriormente, sin embargo, corrigió esa formulación en The Spectator: afirmó que la experiencia no había debilitado su creencia en la inexistencia de vida después de la muerte, sino su actitud hasta entonces inflexible respecto de esa creencia.

La interpretación cerebral. En el texto posterior, Ayer reiteró que consideraba la persistencia de cierta actividad cerebral durante el paro cardíaco como la explicación más probable de su experiencia. Por ello, describir el episodio como una “conversión” o una “retractación forzada” sería impreciso. El propio Ayer siguió considerando la hipótesis cerebral mucho más plausible que las alternativas.

El análisis académico publicado en la revista Philosophy (Cambridge University Press, 2004) aborda precisamente la tensión entre el primer relato y el posterior y la considera filosóficamente significativa. Ayer no se volvió religioso, no abandonó públicamente el naturalismo ni presentó la experiencia como prueba de vida después de la muerte. Pero tampoco la consideró irrelevante.

El relato del médico. El médico Jeremy George, que atendió a Ayer en el hospital, habría escuchado de él una declaración espontánea relacionada con Dios poco después de su recuperación. Este testimonio debe distinguirse de los textos del propio Ayer: se trata del recuerdo posterior de un tercero, y no de documentación clínica contemporánea.

El valor del caso no reside en demostrar que Ayer cambió su visión del mundo, porque eso no ocurrió. Reside en la tensión entre una experiencia subjetivamente poderosa y una estructura filosófica construida a lo largo de toda una vida.

Un contrapunto necesario: Christof Koch

No todos los investigadores que se toman en serio las ECM concluyen que estas exijan una explicación no materialista. El neurocientífico Christof Koch, en un artículo publicado en Scientific American (2020), reconoce que las ECM son experiencias subjetivas auténticas y, con frecuencia, transformadoras para quienes las viven. Su interpretación, sin embargo, sigue siendo naturalista: trabaja con la hipótesis de que la experiencia consciente surge de las capacidades causales del cerebro y, en ausencia de evidencia objetiva en sentido contrario, no considera que haya motivos para abandonarla.

Koch ilustra algo que atraviesa todo el debate: reconocer que una experiencia es real para quien la vive no implica aceptar una determinada explicación sobre su origen.


Segunda parte: Interpretaciones médicas y científicas

El silencio en los pasillos de los hospitales

La relación entre las ECM y la medicina implica un problema anterior a la interpretación: la disposición de los pacientes a contar lo que vivieron.

El cardiólogo neerlandés Pim van Lommel, autor principal del estudio prospectivo con 344 supervivientes de un paro cardíaco publicado en The Lancet (2001), relata, en una entrevista concedida al pódcast Skeptiko (2009), un episodio ocurrido durante una conferencia médica.

Un cardiólogo afirmó que nunca había escuchado historias de ese tipo de sus pacientes y las calificó de absurdas. Otro participante se levantó y dijo ser paciente de aquel médico y haber vivido una ECM, añadiendo que, precisamente debido a esa actitud, jamás se la contaría.

La historia es una anécdota y no debe interpretarse como una demostración cuantitativa. Sin embargo, ilustra un problema metodológico plausible: el entorno en el que alguien es entrevistado influye en lo que está dispuesto a relatar. Un paciente que teme ser ridiculizado, desacreditado o diagnosticado erróneamente puede optar por guardar silencio, y esto crea una laguna sistemática en los datos disponibles.

Bruce Greyson y los false negative denials

Retrato estilizado del psiquiatra Bruce Greyson, profesor emérito de la Universidad de Virginia y principal investigador mundial de experiencias cercanas a la muerte
Bruce Greyson, autor del estudio formal sobre las negaciones de ECM (Death Studies, 2005).

Bruce Greyson, psiquiatra e investigador de las experiencias cercanas a la muerte, creador de la Escala de ECM.

El estudio de Greyson (2005) aborda un problema metodológico poco intuitivo. La Escala de ECM, desarrollada por él y validada en trabajos posteriores, como el de Lange, Greyson y Houran (2004), asigna una puntuación al contenido del relato. Una puntuación ≥ 7 es el punto de corte utilizado para clasificar el relato como ECM.

Algunos participantes afirmaban haber tenido una ECM, pero obtenían una puntuación inferior a ese límite (false positives). Otros decían no haber tenido una ECM, aunque sus relatos alcanzaban o superaban ese punto de corte (false negatives).

La conclusión metodológica es clara: los estudios rigurosos no deben depender únicamente de una respuesta de “sí” o “no” a la pregunta “¿tuvo usted una experiencia cercana a la muerte?”. Es necesario aplicar criterios definidos previamente. La conclusión no es que todos los false negatives estén negando conscientemente algo por motivos ideológicos, algo que el estudio no demuestra.

Eben Alexander: tres niveles de una misma historia

El neurocirujano Eben Alexander ofrece un caso de naturaleza diferente. En 2008 sufrió una meningitis bacteriana grave y permaneció en coma durante varios días. Después de recuperarse, relató una experiencia elaborada que pasó a interpretar como un indicio de que la conciencia puede existir independientemente del cerebro. En Proof of Heaven (2012), describe las explicaciones fisiológicas que consideró y por qué las juzgó insuficientes.

Conviene distinguir tres niveles:

  1. El acontecimiento clínico. Alexander sufrió una infección neurológica grave y estuvo en estado crítico.
  2. La experiencia. Relata haber vivido una experiencia consciente compleja durante ese período.
  3. La interpretación. La conclusión de que su cerebro no podría haberla producido es la interpretación del propio Alexander, y no un resultado establecido por la neurología.

Existe además el problema del momento en que ocurrió la experiencia. Permanecer inconsciente durante días no demuestra que la experiencia se produjera durante el momento de mayor deterioro cerebral: los recuerdos pueden formarse durante la recuperación, bajo distintos grados de sedación o durante las transiciones entre estados. Por ello, afirmaciones como “la experiencia ocurrió durante siete días de EEG plano” no deben presentarse como hechos sin registros neurofisiológicos continuos que las respalden.

Críticos como el periodista Luke Dittrich, en “The Prophet” (Esquire, 2013), cuestionaron algunos aspectos de la reconstrucción médica del caso.

Esto no vuelve irrelevante la experiencia para nuestro tema. Un neurocirujano inicialmente comprometido con una concepción cerebral de la conciencia pasó a interpretar una experiencia personal como incompatible con ella. Este recorrido psicológico e intelectual puede estudiarse independientemente de que aceptemos o no su conclusión metafísica.


Tercera parte: Interpretaciones religiosas

Cuando la experiencia dialoga con la doctrina

Las creencias religiosas también funcionan como marcos interpretativos. Una persona puede aceptar sin dificultad los elementos compatibles con su tradición y reinterpretar aquellos que entran en conflicto con ella.

Los relatos de ECM incluyen encuentros con personas fallecidas, sensaciones de unidad, entornos luminosos, experiencias angustiosas y figuras interpretadas en clave religiosa, de modo que dos personas con experiencias similares pueden llegar a conclusiones teológicas opuestas.

Algunos autores cristianos conservadores sostienen que los relatos de ECM no deben utilizarse como fuente independiente de conocimiento sobre el más allá cuando entran en conflicto con las Escrituras, y que pueden interpretarse dentro de categorías psicológicas o teológicas propias de esas tradiciones.

Otros cristianos consideran que las ECM son compatibles con la fe. Por lo tanto, no existe una única “interpretación cristiana” de las experiencias cercanas a la muerte.

Para el argumento de este artículo, lo relevante no es determinar qué interpretación religiosa es correcta, sino observar cómo un marco doctrinal previo puede influir en la interpretación posterior de una experiencia.

El mecanismo es el siguiente: cuando una experiencia entra en conflicto con una estructura religiosa considerada más fiable que la propia vivencia, la persona puede reinterpretarla para preservar la coherencia de sus creencias.

Los relatos recopilados por NDERF

La Near-Death Experience Research Foundation (NDERF), creada por el médico Jeffrey Long, mantiene una extensa colección pública de relatos en primera persona.

Se trata de un material valioso, aunque presenta importantes limitaciones: son autorrelatos voluntarios y no una muestra clínica prospectiva representativa. Los casos individuales pueden ilustrar distintas formas de interpretar una experiencia, pero no permiten estimar la frecuencia de esas interpretaciones.

Un relato puede ser rico desde el punto de vista documental sin constituir evidencia epidemiológica.


Cuarta parte: Lo que nos dice la ECM negada

Experiencia e interpretación no son lo mismo

Una persona puede experimentar una luz, una sensación de separación del cuerpo o un encuentro con familiares fallecidos e interpretarlo todo como actividad cerebral.

Otra puede interpretar una experiencia similar como contacto con una realidad trascendente, una tercera puede entenderla dentro de su religión y una cuarta puede limitarse a decir:

“No sé qué ocurrió.”

El acontecimiento subjetivo puede ser similar, mientras que la interpretación varía radicalmente.

Lo que los datos no permiten concluir

El hecho de que una persona materialista tenga dificultades para explicar su propia ECM no demuestra que el materialismo sea falso. Del mismo modo, que una experiencia pueda asociarse con procesos cerebrales no demuestra que todos sus aspectos estén ya explicados.

Existe además un sesgo que conviene tener en cuenta: conocemos sobre todo los casos de quienes escribieron libros o concedieron entrevistas, y rara vez los de quienes reinterpretaron la experiencia y siguieron adelante sin convertirla en un asunto público.

Por último, la dificultad personal de alguien para encontrar una explicación es un dato psicológico y sociológico interesante, pero no constituye evidencia ontológica.

Por eso conviene separar tres preguntas:

¿Qué experimentó la persona?

¿Qué ocurría fisiológicamente en ese momento?

¿Qué interpretación filosófica damos a la relación entre ambas cosas?

Mezclarlas transforma una investigación científica en una disputa metafísica.

La presión social como variable

Nadie relata sus experiencias en el vacío.

Un médico puede temer la reacción de sus colegas, una persona religiosa puede temer la reacción de su propia comunidad y un ateo puede sentirse incómodo ante elementos que interpreta como religiosos. Quien es profundamente espiritual, por su parte, puede encuadrar rápidamente una experiencia ambigua dentro de sus creencias previas.

Ninguna de estas posibilidades indica qué interpretación es verdadera, pero todas son variables relevantes para quienes estudian los relatos humanos.

Implicaciones para la investigación

La consecuencia metodológica del trabajo de Greyson es concreta: no basta con preguntar si alguien cree haber vivido una ECM; es necesario evaluar el contenido de la experiencia utilizando criterios definidos de antemano.

Los instrumentos estandarizados, las entrevistas estructuradas y los estudios prospectivos existen para reducir el problema de que distintas personas utilicen la misma expresión para fenómenos diferentes, o expresiones diferentes para fenómenos similares.

Cuatro etapas que no deben confundirse

Tal vez la principal lección de la “ECM negada” sea la necesidad de separar cuatro etapas:

experiencia → relato → clasificación → interpretación

La experiencia es lo que vive el individuo.

El relato es lo que consigue recordar y comunicar.

La clasificación es la aplicación de criterios al relato por parte de los investigadores.

La interpretación es la explicación neurológica, psicológica, filosófica o religiosa que se atribuye posteriormente.

Gran parte de las controversias sobre las ECM surge cuando estas etapas se tratan como si fueran una sola.


Conclusión

Figura humana solitaria contemplando una luz dorada distante en la oscuridad, imagen de cierre del artículo sobre la ECM negada
La experiencia que algunos rechazaron, pero que ninguno consiguió borrar.

El concepto de false negative denial tiene validez operativa en la investigación: existen personas que afirman no haber vivido una ECM aunque sus relatos satisfagan criterios estandarizados. Esto no significa que todas estén negando deliberadamente su experiencia por razones filosóficas, científicas o religiosas.

Los casos examinados muestran trayectorias diferentes.

Ayer vivió una experiencia que debilitó la rigidez de determinadas certezas sin destruir la visión del mundo construida a lo largo de toda una vida.

Koch reconoce la autenticidad subjetiva de las ECM y sigue considerando la explicación cerebral como la hipótesis más plausible.

Alexander, formado en una concepción cerebral de la conciencia, pasó a interpretar su propia experiencia como incompatible con ella, una conclusión que continúa siendo una interpretación del caso y no una demostración experimental.

Tal vez la pregunta más interesante no sea por qué algunas personas “aceptan” una ECM y otras la “niegan”, sino cómo la experiencia, la memoria, la formación profesional, las expectativas culturales, las creencias religiosas y los presupuestos filosóficos interactúan cuando alguien intenta responder a la pregunta más difícil:

¿qué fue, en definitiva, lo que me ocurrió?

Estudiar este proceso ya forma parte del problema científico de las experiencias cercanas a la muerte, aunque todavía no constituya su solución.

La experiencia permanece. La interpretación puede cambiar.


Referencias bibliográficas

Fuentes primarias

AYER, A. J. (1988). “What I Saw When I Was Dead”. The Sunday Telegraph, 28 de agosto de 1988.

AYER, A. J. (1988). “Postscript to a Postmortem”. The Spectator, 15 de octubre de 1988, p. 13.

Artículos científicos y académicos

GREYSON, B. (2005). “False positive” claims of near-death experiences and “false negative” denials of near-death experiences. Death Studies, 29(2), 145–155. DOI: 10.1080/07481180590906156.

LANGE, R.; GREYSON, B.; HOURAN, J. (2004). “A Rasch scaling validation of a ‘core’ near-death experience”. British Journal of Psychology, 95(2), 161–177.

ROSENTHAL, A. L. (2004). “What Ayer Saw When He Was Dead”. Philosophy, 79(4), 507–531. DOI: 10.1017/S0031819104000427.

VAN LOMMEL, P.; VAN WEES, R.; MEYERS, V.; ELFFERICH, I. (2001). “Near-death experience in survivors of cardiac arrest: a prospective study in the Netherlands”. The Lancet, 358(9298), 2039–2045.

Perspectiva neurocientífica y crítica periodística

KOCH, C. (2020). “What Near-Death Experiences Reveal about the Brain”. Scientific American, junio de 2020.

DITTRICH, L. (2013). “The Prophet”. Esquire, agosto de 2013.

Libro citado

ALEXANDER, E. (2012). Proof of Heaven: A Neurosurgeon’s Journey into the Afterlife. Simon & Schuster.

Entrevista

VAN LOMMEL, P. (2009). “Dr. Pim van Lommel Transformed by Near-Death Experience Research”. Skeptiko, episodio 119.

Lecturas complementarias

GREYSON, B. (2021). After: A Doctor Explores What Near-Death Experiences Reveal about Life and Beyond. St. Martin’s Essentials.

VAN LOMMEL, P. (2010). Consciousness Beyond Life: The Science of the Near-Death Experience. HarperOne.

LONG, J.; PERRY, P. (2010). Evidence of the Afterlife: The Science of Near-Death Experiences. HarperOne.

También te puede interesar: experiencias cercanas a la muerte negativas, relatos y estudios.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *